martes, 16 de abril de 2024

CATEQUESIS SOBRE EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN

 

El Concilio Vaticano II en su documento "Lumen Gentium" dice: "Por el Sacramento de la Confirmación (los fieles) se vinculan con más perfección a la Iglesia, se enriquecen con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se obligan con mayor compromiso a difundir y defender la fe, con sus palabras y sus obras como verdaderos testigos de Cristo". (LG 11)

EL ESPIRITU SANTO

El protagonista del Sacramento de la Confirmación es la tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Cristo en repetidas ocasiones prometió esta efusión a sus seguidores: "El Espíritu Santo les enseñará en ese mismo momento lo que hay que decir" (Lc.12,12) y lo cumplió el mismo día de la Pascua: "Dicho esto, sopló sobre ellos diciendo: Reciban al Espíritu Santo (Jn.20,22) y de una manera más notable en Pentecostés: "y quedaron llenos del Espíritu Santo" (Hch.2,4). Aquellos que se hicieron bautizar ese mismo día, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo: "Dios les dará el Espíritu Santo". (Hch.2,38)

A partir de entonces, los Apóstoles en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los recién bautizados, por la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo. La tradición cristiana ha considerado desde el principio dicha imposición de las manos como el signo primitivo del Sacramento de la Confirmación. Sin embargo, muy pronto para mejor significar la unción espiritual se añadió la unción con el óleo perfumado (Crisma). Precisamente el nombre de "cristiano" significa seguidor de Cristo, el "Ungido".

Los EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN son:

A) Aumenta la gracia recibida por primera vez en el Bautismo. 

B) Imprime carácter indeleble, somos marcados para siempre con el sello del Espíritu Santo, recibiéndola una sola vez.

C) Fortalece nuestra fe, Confirmación significa fortalecimiento, donde en efecto se fortalece la fe al recibirlo.

D) Este Sacramento nos da la fuerza para defender la fe, impulsándonos a colaborar en la santificación del mundo actuando como apóstoles en el medio donde vivimos.

¿PORQUÉ ADEMÁS DEL BAUTISMO ES NECESARIA LA CONFIRMACIÓN?

El Bautismo, que hace nacer nuestra alma a la Vida Divina y que nos hace miembros de la Iglesia de Cristo, es tan solo el principio. En el terreno espiritual, la Gracia Santificante se desarrollará con la recepción de los demás Sacramentos y la Confirmación produce en nosotros el crecimiento necesario para llegar a la madurez cristiana: el Espíritu Santo nos comunica sus siete Dones y nos hace adultos en la fe, capaces de dar testimonio de ella. Ciertamente ya desde el Bautismo Dios habita en nosotros con sus Tres Divinas Personas, pero en la Confirmación se nos da el Espíritu Santo con más abundancia.

LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO

Los Dones del Espíritu Santo son siete auxilios Espirituales que capacitan el alma para ejercitar las virtudes necesarias a la perfección cristiana. Estos siete Dones son: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, Temor de Dios.

El Don de Sabiduría es el más perfecto de todos los Dones. El nos hace preferir los bienes celestiales a los terrenales y que encontremos así nuestras delicias en las cosas de Dios, de la Religión.

El Don de Entendimiento, nos hace comprender mejor las verdades de la Religión. Nos descubre el significado oculto de las Sagradas Escrituras. Comprender el significado de los Sacramentos y de las ceremonias de la Iglesia. Penetrar en los planes ocultos de la Providencia, en el gobierno del mundo y de los hombres, etc., etc. Quien tiene este Don, no piensa como los mundanos que el mundo está mal arreglado, sino que, por el contrario, admira en él, la Sabiduría, inteligencia y Providencias divinas.

El Don de Consejo nos da a conocer con toda prontitud y seguridad, lo que conviene para nuestra salvación y la del prójimo, de un modo especial en los casos más difíciles y decisivos. Este es el Don que Nuestro Señor prometió a sus Apóstoles con estas palabras: "Cuando jueces y gobernantes malvados, y enemigos de Dios los citarán para exigirles cuenta de su conducta y de sus obras de celo, no piensen cómo o qué tienen que responder, porque en aquella hora el Espíritu Santo les sugerirá lo que debes decir" (Mt.10,20). Fue este Don el que hizo a San Pedro contestar al Sanedrín cuando éste le ordenaba no predicar a Jesucristo: "Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech.5,29)

El Don de la Fortaleza nos da la energía que necesitamos para resistir a los obstáculos que se oponen a nuestra santificación para resistir las tentaciones y no caer en pecado, para despreciar el respeto humano, para perseverar durante toda la vida en el cumplimiento del deber, en la vida cristiana. Es este Don el que nos da la fuerza para emprender sin temor ni vacilación, obras que miran a la mayor gloria de Dios. 

El Don de la Ciencia, no por supuesto de la ciencia profana, sino de la Ciencia de Dios, nos da a conocer el camino que debemos seguir para llegar al Cielo. Este Don nos hace ver todas las cosas en Dios, como creaturas suyas, como manifestaciones de su Poder, Sabiduría y Bondad infinitas. Por medio de este Don todas ellas vienen a ser para nosotros, como un reflejo de Dios. San Francisco de Asís, poseía este Don en alto grado, considerando todas las cosas creadas como hijas de Dios, veía en todas ellas otros tantos hermanos, el hermano sol, la hermana agua, la hermana oveja, etc., hasta la hermana muerte.

El Don de Piedad, despierta en el confirmado un afecto filial hacia Dios a quien podemos dirigirnos con toda confianza y una tierna devoción y prontitud para cumplir con nuestros deberes religiosos. Este Don hace que encontremos placer en las oraciones, y en las prácticas religiosas –que nos sacrifiquemos por Dios y por su Gloria, y –que recibamos todo como venido de la Mano de Dios, y nos abandonemos a sus manos como el niño se abandona a las de su madre.

El Don de Temor de Dios, inclina nuestra voluntad a un respeto filial hacia Él; nos aleja del pecado porque le desagrada y nos hace esperar en su poderoso auxilio. Pero entiéndase bien que este Don del Espíritu Santo, nada tiene de común con el temor al castigo de Dios por nuestros pecados. Este Don del Espíritu Santo nos inspira un vivo sentimiento de la grandeza y bondad de Dios y por lo tanto, sumo horror a las menores faltas; una viva contrición de éstas porque ofenden a un Dios tan bueno, un deseo vivísimo de repararlas con muchos actos de amor y sacrificio y en fin, suma diligencia de huir de las ocasiones de pecado.     

Puesto que la Confirmación ayuda a desarrollar y perfeccionar las gracias del Bautismo, es preciso que luchemos por mantener los frutos de este Sacramento mediante la oración al Espíritu Santo. Solo así seremos fuertes para confesar con entereza la Fe Cristiana.

IMPORTANCIA DE ESTE SACRAMENTO

Es cierto que sólo el sacramento del bautismo, es absolutamente indispensable para la salvación, pero la confirmación es necesaria para poder llegar a vivir con plenitud la vida cristiana. El Obispo llega a imponer las manos sobre cada uno de los confirmados, para transmitirles la plenitud de la fuerza del Espíritu Santo pidiendo para ellos los siete dones.

LA CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN

El rito de la confirmación tiene lugar en el desarrollo de la Santa Misa, después de la Liturgia de la Palabra, es decir cuando el Obispo termina su Homilía.

La liturgia del sacramento tiene tres momentos:

- Renovación de los compromisos bautismales. 

- Imposición de las manos: El Obispo extiende las manos sobre los confirmandos, repitiendo el gesto de los Apóstoles, que es un signo del don del Espíritu Santo. 

- Unción con el Santo Crisma: el Ministro del Sacramento de la Confirmación procede a la unción haciendo con el oleo santo la señal de la cruz en la frente de cada confirmando, mientras que pronuncia las siguientes palabras:

"Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo". El confirmado responde: "Amén". Luego añade: “La paz sea contigo”. Se responde: “Y con tu espíritu”.

Se termina la liturgia del Sacramento con la oración de los fieles, y se continúa con la Liturgia de la Eucaristía.