miércoles, 7 de mayo de 2025

ORACIÓN DE FIN DE CURSO

 


Hoy queremos celebrar el final de un curso en el que los grupos de catequesis de jóvenes y adultos han caminado juntos, profundizando en la fe, buscando el rostro de Jesucristo y preparándose con ilusión para recibir el sacramento de la Confirmación. Este encuentro no es solo el final de una etapa, sino también el inicio de una misión que continuará transformando nuestras vidas y las de aquellos que nos rodean.

A lo largo de este tiempo compartido, cada paso ha sido un reflejo del amor de Dios. En las enseñanzas, oraciones y experiencias compartidas, Jesucristo ha estado presente, guiando y fortaleciendo nuestra fe.  Dios nos ha regalado muchos buenos momentos. Damos gracias a Dios por cada día que nos ha regalado, por cada experiencia vivida, por cada persona que ha sido parte de nuestro camino. Reconocemos que el amor de Dios nos ha reunido y acompañado en cada paso.

La Confirmación que próximamente recibiréis no es solo un signo; vais a recibir el Espíritu Santo y sus dones, para vivir como auténticos cristianos. Habéis recibido la llamada para ser luz en el mundo, ser testigos valientes de la fe en vuestras familias, lugares de estudio, trabajo, amistades y en todos los espacios donde os encontráis.

En la oración de esta tarde, pidamos a Dios que cada uno de los que van a recibir la confirmación siga creciendo en la fe y la esperanza. Que el Espíritu Santo os conceda la alegría de servir y caminar siempre con fe, incluso en los momentos de dificultad. 

No queremos que esta oración sea una despedida sino una invitación a continuar abrazando la llamada de Dios. Agradecidos nos unimos en este momento, confiando en que el camino continua acompañados y guiados por Jesucristo, poniendo todo en sus manos.


Música


Salmo (recitado a dos coros)

Tú estás presente en mi vida, Señor,
y mi corazón se goza al saber que eres Padre. 
Tú eres mi refugio y mi alcázar, 
Dios mío, en ti confío. 

Tú me libras en el día de la prueba. 
Con tu bondad me proteges, 
bajo tus alas me refugio. 
Tu fuerza es mi escudo y armadura. 
No temo las tinieblas de la noche, 
ni el calor duro del mediodía.

Porque contigo sé que estoy seguro. 
Yo he hecho de ti mi refugio, 
te he tomado, Señor, por defensa. 
La desgracia, contigo, no entrará en mi casa, 
porque tú me guardas en todos mis caminos. 

Tú me cubrirás con la palma de tu mano, 
y no dejarás que mi pie tropiece. 
Caminaré sin cansarme hacia la meta, 
con la seguridad de que tú serás mi recompensa. 
Porque sé que me quieres, me librarás.
Porque sé que me tratas personalmente, me protegerás.

A ti te puedo invocar 
porque sé que siempre me escuchas. 
Tú estás siempre conmigo 
aunque mi corazón se olvide de que me amas. 
Tú estás siempre conmigo
aunque mi corazón te falle y comience de nuevo.

Tú estás siempre conmigo
aunque mi corazón se canse de seguir tus pasos. 
Tú estás siempre conmigo 
aunque mi corazón a veces no lo sienta. 

Señor, mi vida te pertenece, 
la he puesto en tus manos. 
Que mi corazón no tema 
aunque el camino se haga duro. 
Tú estás conmigo y mi vida es cosa tuya. 

(Hacemos ecos del salmo)


Música 


Evangelio

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.

Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»

El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.

Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

El les dijo: «¡insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.

Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Música 


Reflexión sobre el evangelio

El pasaje de los discípulos de Emaús nos invita a reflexionar sobre la presencia de Jesús en nuestras vidas, sobre todo en los momentos de incertidumbre y desánimo.

En este relato, dos discípulos caminan hacia Emaús, abatidos por los acontecimientos recientes: Jesús ha muerto y sus discípulos han perdido la esperanza. Mientras conversan, Jesús se une a ellos en el camino, pero no lo reconocen. Este detalle nos recuerda que, en nuestras propias vidas, podemos estar tan metidos en nuestras preocupaciones que no percibimos la presencia de Dios, que siempre camina a nuestro lado.

Jesús, con paciencia y amor, les explica las Escrituras, revelándoles cómo todo lo sucedido estaba en el plan de Dios. Esto nos enseña la importancia de la Palabra de Dios como guía para nuestra vida y consuelo en los momentos difíciles. Al llegar a Emaús, los discípulos invitan a Jesús a quedarse con ellos, y es en el gesto de partir el pan cuando lo reconocen. Este momento nos habla de la importancia de la Eucaristía como encuentro con Jesucristo. Estos son dos pilares fundamentales que hemos trabajado durante el curso: la importancia de la palabra de Dios que siempre ha estado presente en la catequesis y la celebración dominical de la Eucaristía que nos ha servido de alimento en nuestro camino cristiano.

Al final del pasaje, los discipulos regresan a Jerusalén llenos de alegría y entusiasmo para compartir la noticia de que Jesús ha resucitado. Este cambio de actitud nos muestra cómo el encuentro con Cristo transforma nuestras vidas, llenándonos de esperanza. Esta ha sido la finalidad de la catequesis: llenarnos de alegría para compartir con los demás lo que hemos recibido, dando testimonio de la acción de Jesucristo en nuestra vida.

En la vida cotidiana, hay momentos en los que sentimos dudas, tristeza o confusión. Este relato nos anima a abrir nuestros corazones, escuchar la Palabra de Dios y buscarlo en los gestos sencillos, como el compartir y vivir la fe junto con otras personas. Jesús siempre está presente, incluso cuando no lo reconocemos de inmediato, y con su amor renueva nuestra fe y nuestra alegría.


Signo/experiencia 

Acción de gracias y peticiones

Rezo del Padrenuestro

Despedida con un Ave María a la Virgen