En la catequesis anterior vimos como la persona busca a Dios porque tenía ha sembrado en el corazón ese deseo de encontrar plenitud en su vida y es un deseo que solamente Dios lo puede satisfacer. Hombres y mujeres hemos sido creados con la capacidad de responder al encuentro con Dios, a la invitación de Dios nosotros podemos responder acogiendo su llamada.
Leemos y comentamos Hechos de los apóstoles 17, 26- 28
Dentro de nosotros tenemos deseos de plenitud, de felicidad, estos deseos no son satisfechos nunca, siempre tenemos preocupaciones y dificultades.
con el día a día con todos los afanes que llenan nuestra vida muchas veces no somos capaces de pararnos a pensar ; nos metemos de lleno en las cosas de cada día y preferimos no pensar en lo que nos preocupa, en los problemas.
El ser humano aparte tiene un sentido religioso que nos permite percibir que hay algo por encima de todo lo creado, de todo lo material; algo que no podemos ver con nuestros ojos ni tampoco podemos pensarlo de manera plena pero tenemos una capacidad para poder escuchar a alguien que está por encima del mundo creado.
La iglesia se refiere a esto como la capacidad para escuchar la voz de Dios y para acoger y recibir esa invitación por parte de Dios. En el ser humano hay una inclinación a lo bueno, a lo bello a conocer la verdad y esto no es consecuencia ni de nuestra educación ni de nuestro ambiente sino que es algo que descubrimos que está en nosotros, alguien lo ha puesto y ese alguien es Dios.
El ser humano tiene deseo de Dios y este deseo ha sido sembrado por el mismo Dios para que nosotros lo busquemos. Da igual que estemos en la era digital; siempre falta algo, siempre echamos de menos algo y ese vacío que sentimos dentro solamente lo puede llenar Dios.
Pensamos que en nuestra cultura hoy en día hay muchas personas que no tienen deseo de Dios, que viven sin advertir ese deseo, que parece que no esperan nada de la vida o simplemente quieren vivir la vida; para ellos Dios parece una realidad indiferente. La iglesia lo que dice con respecto a esto es que son personas que también se interrogan acerca del bien, acerca de la verdad. Son personas en las que el deseo de Dios no ha desaparecido del todo y se asoma también a sus corazones, son personas que se preguntan qué me puede hacer feliz, qué tengo que hacer para ser feliz, pero por distintos motivos no se acercan a intentar conocer a Dios o a buscar una respuesta a estos interrogantes que se hacen o intentan encontrar la respuesta en las cosas materiales. Lamentablemente también hay otras que no se hacen estas preguntas.
¿Dónde podemos encontrar a Dios? La iglesia nos propone mirar el mundo, mirar la creación, la tierra, el mar, la belleza del cielo, la naturaleza. También está la persona que puede mirar dentro de sí misma y darse cuenta de que tiene una sed de verdad y se cuestiona muchas cosas y es una búsqueda que nos impulsa a ir más allá, nos invita a conocer y a buscar dónde está la verdad. Y también está la fe, que nos lleva a conocer a Dios, a encontrarnos con él, a estar unidos a él, a estar abiertos a su acción en nosotros.
Dios desea ser nuestro amigo; quiere entablar con nosotros una relación de amistad y la fe es estar abiertos a ese diálogo, a esa amistad con Dios; no es huir de la realidad, buscar un refugio o ser sentimentales sino que implica conocer la buena noticia de Jesucristo, que quiere llegar a toda nuestra vida y hacernos criaturas nuevas, que conozcamos la verdad, que tengamos esperanza.
Preguntas para el diálogo en común (se encuentran en la presentación de diapositivas)
Para terminar se puede rezar el salmo 138
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