jueves, 9 de enero de 2025

LA FE ILUMINA LA VIDA

 



Hay situaciones que vivimos, sucesos que ocurren en la vida, experiencias por las que pasamos que hacen pensar que esas cosas solo nos pasan a nosotros, que tenemos muy mala suerte, que hay alguien que parece mover los hilos de nuestra historia para que sucedan todo tipo de desgracias.

Son momentos de mucha tensión, sufrimiento, angustia, dolor, y hay una pregunta de fondo que surge en el corazón ¿dónde está Dios en todo esto? Si existe, ¿está dormido? ¿Le soy indiferente? ¿O es que busca mi mal?

Todos hemos pasado por momentos de oscuridad, de adversidad, de sentirnos acorralados por la desgracia, pero ¿es cierto que en esos momentos Dios se hace el sordo, o se olvida de nosotros?

Pero también es cierto que a lo largo de toda la existencia del ser humano podemos reconocer en muchas experiencias una mano providente que acompaña, sostiene, alienta, ilumina a la persona que sufre ante los acontecimientos humanos que suceden, y convierte la tristeza en gozo, el sufrimiento en alegría, la angustia en paz.

¿Conoces alguna de estas historias? ¿Has pasado tú por esa experiencia?

La Sagrada Escritura llama historia de salvación a todos esos acontecimientos. Tras contemplar la maravillosa obra de la creación en el Libro del Génesis, el autor sagrado intenta acercarnos a entender cómo ha irrumpido el mal en el mundo, ese mundo que Dios vio que era muy bueno.

 Hay dos personajes, Abrahán y Moisés, que nos pueden ayudar a descubrir cómo el don de la fe permite reconocer que en la adversidad y en el dolor Dios sale a nuestro encuentro, nunca nos ha dejado solos y, a pesar de nuestras dudas e infidelidades, Dios siempre es fiel.


LA FE DE ABRAHAM

Hace mucho tiempo, en una tierra llamada Ur, vivía un hombre llamado Abraham. Era un hombre especial porque amaba mucho a Dios y siempre trataba de hacer lo correcto. Un día, Dios habló con Abraham y le dijo: «Abraham, quiero que dejes tu hogar y a tu familia, y vayas a una tierra nueva que te mostraré» .
Abraham no sabía cómo sería esa tierra, pero confiaba en Dios. Junto con su esposa, Sara, y su sobrino Lot, viajaron por caminos llenos de polvo y cruzaron desiertos, pero Abraham sabía que Dios estaría con él.

Después de muchos días, finalmente llegaron a la tierra que Dios les había mostrado. Era una tierra hermosa y llena de promesas, y Dios le dijo a Abraham que esta tierra sería el hogar de su familia. Dios también le prometió algo maravilloso: «Tu descendencia, es decir tus hijos y los hijos de tus hijos, será tan numerosa como las estrellas en el cielo».
Abraham y Sara estaban muy felices, pero había un problema. A pesar de que eran muy mayores, no tenían hijos como Dios había prometido. Sin embargo, Abraham confiaba en Dios y creía que Dios cumpliría su promesa, incluso si parecía imposible.

Después de mucho tiempo, Dios cumplió su promesa y les dio un hijo. Lo llamaron Isaac. Abraham estaba lleno de alegría y gratitud por este regalo tan especial. Isaac creció y se convirtió en un joven muy valiente y amable.
Pero un día, Dios puso a Abraham a prueba. Le pidió algo muy difícil de hacer: que sacrificara a su hijo Isaac como una muestra de obediencia y confianza en Dios. Abraham se sintió triste y confundido, pero estaba dispuesto a obedecer a Dios.

Abraham subió a un monte para ofrecer a su hijo a Dios. Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, un ángel de Dios apareció y lo detuvo. Dios había visto la fe y la obediencia de Abraham, y le proporcionó un carnero para que lo sacrificara en lugar de Isaac.

Dios dijo “Prometo por mí mismo que porque hiciste esto y no me negaste a tu hijo, tu único hijo,  te daré mi bendición y multiplicaré tu descendencia. Tendrás tantos descendientes como estrellas hay en el cielo y arena a la orilla del mar»

La vida de Abraham continuó, y Dios lo bendijo en muchas formas. Abraham vivió una vida larga y plena, siempre recordando la fidelidad de Dios y cómo Dios cumplió sus promesas.


LA FE DE MOISÉS

Hace muchísimos años, en la antigua tierra de Egipto, vivía un faraón que gobernaba con mano dura sobre el pueblo hebreo.
Los hebreos eran una tribu que Dios había elegido como su pueblo y para los que Dios tenía un plan específico. 
El faraón, temiendo que los hebreos se hicieran más numerosos y poderosos, dictó una orden cruel y despiadada. Decretó que todos los bebés niños hebreos debían ser matados al nacer. 
Pero una madre hebrea, llena de amor y valentía, decidió hacer algo para salvar a su bebé. Tomó una canasta de mimbre, colocó a su bebé en la canasta y la dejó flotar en el río Nilo.

La hija del faraón, una princesa, fue a bañarse en el río. Cuando vio la canasta flotando, encontró a un hermoso bebé dentro. La princesa supo de inmediato que era un bebé hebreo, pero en lugar de hacerle daño, sintió amor y ternura por él.
La princesa decidió adoptar al bebé y le puso por nombre Moisés. A partir de ese momento, Moisés creció en el palacio del faraón, rodeado de riquezas y lujos. Pero a medida que crecía, su corazón se llenaba de preguntas y dudas sobre su verdadera identidad.
Un día, Moisés presenció cómo un guardia egipcio maltrataba a un hebreo. Se llenó de ira y decidió intervenir para proteger a su hermano hebreo. Moisés golpeó al guardia y lo mató. Esto hizo que Moisés se sintiera asustado y confundido, y decidió huir de Egipto hacia el desierto.
En el desierto, Moisés se encontró con una vida completamente diferente. Aprendió a ser un pastor y vivió una vida sencilla, lejos de la riqueza y el poder del palacio. Fue durante este tiempo que algo extraordinario sucedió.

Un día, mientras Moisés cuidaba de sus ovejas en el monte Horeb, vio una zarza ardiente, pero que no se consumía en el fuego. Este fue un momento asombroso, porque la voz de Dios se hizo presente desde la zarza. Dios le habló a Moisés, diciéndole que debía regresar a Egipto y liberar a los hebreos de la esclavitud.

Moisés, aunque se sentía asustado e inseguro, decidió confiar en la guía de Dios y obedecer a lo que le había pedido. Entonces, Moisés regresó a Egipto para pedir al faraón que dejara marchar a los hebreos.

El faraón no iba a aceptar fácilmente tal petición, ya que los hebreos eran sus esclavos. Así, el faraón se negó una y otra vez, endureciendo su corazón.
Entonces, Dios advirtió al faraón con 10 plagas de que dejara marchar a los hebreos. Por ejemplo, Dios envió una plaga de ranas: había ranas por todas partes, si estabas en la cama, había ranas; si estabas en la mesa, había ranas; y si ibas a jugar a a la calle, también había ranas.
Aun así, aunque había ranas por todas partes y era muy difícil vivir, el faraón seguía negándose a dejar marchar a los hebreos. Entonces Dios envió más plagas: plagas de moscas que apenas te dejaban respirar y plagas de langostas que se comían toda la cosecha.

Pero el corazón del faraón seguía endurecido y no dejó que se marcharan. Entonces, Moisés dijo al faraón: si no dejas que mi pueblo se marche, Dios enviará la plaga más cruel que nunca hayas visto: la muerte de los primogénitos en Egipto.

Esta plaga no afectó a los hebreos porque Dios ordenó a su pueblo que matara un cordero y pusiera un poco de sangre del cordero en las puertas de sus casas para que, cuando el ángel de Dios pasara, viera que el cordero había muerto en el lugar del primogénito.
Finalmente, después de que esto ocurriera, el faraón cedió y permitió que los hebreos fueran liberados.

Moisés reunió a los líderes y les dijo que no olvidarían este día en el que Dios les liberó; para ello, recordarían este día con la Pascua: el recuerdo del día en que Dios pasó por alto las casas de los israelitas y los rescató. 
Los israelitas salieron de Egipto y pronto llegaron al desierto mientras se dirigían a la tierra que Dios les había prometido. Pero el faraón se arrepintió de haber liberado a los israelitas y los persiguió con un gran ejército. Mientras los israelitas avanzaban por el desierto, se encontraron con el obstáculo más grande de todos: el Mar Rojo. 
Entonces, Moisés hizo algo increíble. Extendió su vara y Dios obró un milagro. El agua del Mar Rojo se dividió en dos y se formó un camino seco en medio del mar. 

Cuando los egipcios intentaron perseguir a los israelitas, las aguas volvieron a su lugar original y los egipcios quedaron atrapados en el mar. Fue una victoria para los israelitas y un recordatorio del poder de Dios.

Después de que Moisés y los israelitas cruzaron el Mar Rojo, continuaron su viaje por el desierto hacia la Tierra Prometida. 
Una de las primeras cosas que Moisés hizo fue ayudar a su pueblo a encontrar comida y agua. Dios fue muy amable y les envió algo llamado «maná» del cielo. Era como una especie de pan. También hicieron un alto en el camino y encontraron agua fresca en una roca. 
Después de eso, Moisés subió a una montaña muy alta llamada el monte Sinaí. Dios le dio a Moisés diez reglas muy importantes para que las siguieran. A estas reglas se les llama los Diez Mandamientos. Eran como un mapa para vivir una vida feliz.

Durante todo el viaje por el desierto, Moisés siempre estuvo allí para ayudar a su pueblo y guiarlos. A veces, algunas personas se enfadaban y se quejaban, pero Moisés les recordaba que Dios siempre estaba con ellos y que debían confiar en Él.


jueves, 19 de diciembre de 2024

ORACIÓN PARA EL TIEMPO DE ADVIENTO

Oración para el tiempo de Adviento

Monición ambiental

En este momento de reflexión y gratitud, nos acercamos al Señor con un corazón lleno de agradecimiento por este trimestre que hemos compartido en el grupo de catequesis y el año que está llegando a su fin. Dios nos ha regalado muchos buenos momentos, bendiciones y nos has sostenido en los momentos de dificultad.

Te damos gracias, Señor por cada día que nos has regalado, por cada experiencia vivida, por cada persona que ha sido parte de nuestro camino. Reconocemos tu amor infinito que nos ha acompañado en cada paso.

En este momento de reflexión, te pedimos que nos ayudes a recordar y valorar los momentos felices, las lecciones aprendidas y los desafíos superados. Que podamos aprender de nuestras experiencias pasadas y crecer en la fe.

Te agradecemos, Señor, por la familia y los amigos que nos has dado, por su amor y apoyo. Te pedimos que los bendigas y los cuides en el nuevo año que va a comenzar.

Que tu amor siga guiando nuestros pasos, que tu paz llene nuestros corazones y que tu gracia nos fortalezca en los momentos de dificultad. Ayúdanos a vivir cada día con gratitud, confiando en tu amor y en tu plan perfecto.

Te ofrecemos esta oración de agradecimiento y confianza.

Música



Salmo (recitado a dos coros)



Iré detrás de ti, si tú vienes a mi
buscando horizontes más amplios para volar.
Iré a enseñar a todos que tú eres libertad,
que sólo en ti se encuentra el manantial,
la felicidad, la verdadera paz.
Iré siempre en tu nombre despojado de mis cosas,
buscando en la noche, sediento de tu amor.
Iré a decirles a todos que tú eres alegría,
la promesa de un amor total.
Iré a buscar camino detrás de cada lucha,
donde los hombres sufren su llanto y soledad.
Iré si tú me llamas a ser siempre tu amigo
sin importarme nada, pues tú eres mi caminar.
Iré diciendo a todos, iré contando siempre,
iré entre los hombres gritando la verdad.

(Hacemos ecos del salmo)


Música 


Evangelio

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

 El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». 

María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». 

Y el ángel se retiró.



Música


Reflexión sobre el evangelio

Hemos escuchado el Evangelio de la Anunciación, donde el ángel Gabriel visita a María para anunciarle que será la madre de Jesús, el Salvador del mundo.

María era una joven de Nazaret, comprometida con José. Cuando el ángel Gabriel se le apareció, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".  María se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué significaría este saludo. Gabriel le explicó que había sido elegida para ser la madre del Hijo de Dios. A pesar de sus dudas y temores, María respondió con fe: "He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra". Esta respuesta nos enseña que, aunque no siempre entendamos los planes de Dios, debemos confiar en Él y en su propósito para nuestras vidas.

Pero aceptar la voluntad de Dios no siempre es fácil. María sabía que su vida cambiaría y que tendría que enfrentarse a muchos desafíos, incluyendo la posibilidad de ser rechazada por su comunidad. Sin embargo, tuvo el valor de decir sí a Dios. Esta valentía nos ayuda a enfrentar nuestros propios desafíos con confianza y a estar dispuestos a seguir a Dios, incluso cuando nos lleva por caminos desconocidos.

María se consideraba una sierva del Señor y su humildad es un ejemplo para todos nosotros. Nos recuerda que independientemente de nuestros logros, siempre debemos mantenernos humildes y recordar que todo lo que tenemos es un regalo de Dios. 

El mensaje del ángel Gabriel también trae consigo una promesa de esperanza: sin importar las dificultades que tengamos, siempre hay esperanza en las promesas de Dios.

Durante este trimestre en la catequesis hemos hablado y reflexionado sobre nuestra propia fe y disposición a seguir la voluntad de Dios. Este evangelio nos anima a ser valientes, humildes y a confiar en las promesas de Dios. Al igual que María, estamos llamados a decir sí a Dios y a permitir que su amor y gracia transformen nuestras vidas.


En este momento podemos dar un eco de este evangelio.

¿qué te dice hoy la palabra de Dios?

(confianza en Dios, valentía, humildad, si hay algo que te impida decir que sí a Dios, cómo compartes con otros la esperanza que recibes de Dios, ....)


Música 


Peticiones espontáneas

Rezo del Padrenuestro

Acción de gracias

Cada uno da gracias a Dios por una cosa (o varias)


Despedida con un Ave María a la Virgen

miércoles, 11 de diciembre de 2024

TIEMPO DE ADVIENTO

 


Esta presentación se puede utilizar para explicar el significado del Adviento de manera sencilla. Contiene lo esencial y se le pueden añadir otras diapositiva y comentarios que se consideren necesarios.

contiene una diapositiva con preguntas para compartir:

 ¿Qué quiero pedirle al Señor para este nuevo año?
¿Cómo quiero vivirlo?
 ¿Qué deseo para mi familia, amigos, parientes y mi parroquia en este tiempo de Adviento?

Se puede comentar algún propósito para el Adviento y animar a realizar la corona en casa.

jueves, 5 de diciembre de 2024

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 


En la catequesis de esta semana hemos comentado la Fiesta de la Inmaculada Concepción y aprendido algunas cosas sobre la figura de María.

jueves, 28 de noviembre de 2024

LA PALABRA DE DIOS

 


Para esta catequesis se pueden ir comentando las dispositivas. Incluyen un video breve del Papa Francisco sobre la importancia de leer cada día la palabra de Dios. 

Después se puede compartir con estas preguntas, que aparecen en la presentación:

Preguntas para compartir

¿Qué significado tiene la Palabra de Dios en tu vida? ¿Cómo te ha ayudado a enfrentar tus problemas?

¿Tienes algún versículo o pasaje bíblico favorito? ¿De qué manera te ha ayudado?

¿Crees que las enseñanzas de la palabra siguen siendo relevantes hoy?

¿Has experimentado un momento en tu vida en el que un versículo o enseñanza de la Biblia te ha hablado directamente? ¿Cómo fue esa experiencia?

¿Qué desafíos encuentras al intentar vivir de acuerdo con la Palabra de Dios en un mundo que a menudo tiene valores opuestos?

¿Qué consejo le darías a alguien que está comenzando a explorar la Palabra de Dios por primera vez?

jueves, 21 de noviembre de 2024

BUSCAMOS A DIOS

 


En la catequesis anterior vimos como la persona busca a Dios porque tenía ha sembrado en el corazón ese deseo de encontrar plenitud en su vida y es un deseo que solamente Dios lo puede satisfacer. Hombres y mujeres hemos sido creados con la capacidad de responder al encuentro con Dios, a la invitación de Dios nosotros podemos responder acogiendo su llamada.

Leemos y comentamos Hechos de los apóstoles 17, 26- 28

Dentro de nosotros tenemos deseos de plenitud, de felicidad, estos deseos no son satisfechos nunca, siempre tenemos preocupaciones y dificultades.

con el día a día con todos los afanes que llenan nuestra vida muchas veces no somos capaces de pararnos a pensar ; nos metemos de lleno en las cosas de cada día y preferimos no pensar en lo que nos preocupa,  en los problemas. 

El ser humano aparte tiene un sentido religioso que nos permite percibir que hay algo por encima de todo lo creado, de todo lo material; algo que no podemos ver con nuestros ojos ni tampoco podemos pensarlo de manera plena pero tenemos una capacidad para poder escuchar a alguien que está por encima del mundo creado.

La iglesia se refiere a esto como la capacidad para escuchar la voz de Dios y para acoger y recibir esa invitación por parte de Dios. En el ser humano hay una inclinación a lo bueno, a lo bello a conocer la verdad y esto no es consecuencia ni de nuestra educación ni de nuestro ambiente sino que es algo que descubrimos que está en nosotros, alguien lo ha puesto y ese alguien es Dios.

El ser humano tiene deseo de Dios y este deseo ha sido sembrado por el mismo Dios para que nosotros lo busquemos. Da igual que estemos en la era digital; siempre falta algo, siempre echamos de menos algo y ese vacío que sentimos dentro solamente lo puede llenar Dios.

Pensamos que en nuestra cultura hoy en día hay muchas personas que no tienen deseo de Dios, que viven sin advertir ese deseo, que parece que no esperan nada de la vida o simplemente quieren vivir la vida; para ellos Dios parece una realidad indiferente. La iglesia lo que dice con respecto a esto es que son personas que también se interrogan acerca del bien, acerca de la verdad.  Son personas en las que el deseo de Dios no ha desaparecido del todo y se asoma también a sus corazones, son personas que se preguntan qué me puede hacer feliz, qué tengo que hacer para ser feliz, pero por distintos motivos no se acercan a intentar conocer a Dios o a buscar una respuesta a estos interrogantes que se hacen o intentan encontrar la respuesta en las cosas materiales. Lamentablemente también hay otras que no se hacen estas preguntas.

¿Dónde podemos encontrar a Dios? La iglesia nos propone mirar el mundo, mirar la creación, la tierra, el mar, la belleza del cielo, la naturaleza. También está la persona que puede mirar dentro de sí misma y darse cuenta de que tiene una sed de verdad y se cuestiona muchas cosas y es una búsqueda que nos impulsa a ir más allá, nos invita a conocer y a buscar dónde está la verdad. Y también está la fe, que nos lleva a conocer a Dios, a encontrarnos con él, a estar unidos a él, a estar abiertos a su acción en nosotros.

Dios desea ser nuestro amigo; quiere entablar con nosotros una relación de amistad y la fe es estar abiertos a ese diálogo, a esa amistad con Dios; no es huir de la realidad, buscar un refugio o ser sentimentales sino que implica conocer la buena noticia de Jesucristo, que quiere llegar a toda nuestra vida y hacernos criaturas nuevas, que conozcamos la verdad, que tengamos esperanza.



Preguntas para el diálogo en común (se encuentran en la presentación de diapositivas)


Para terminar se puede rezar el salmo 138

domingo, 17 de noviembre de 2024

LA EXPERIENCIA DE DIOS EN LA CATEQUESIS


 


 Dios quiere hacer con nosotros una historia de salvación. Es una llamada a la que cada uno responde de manera particular. Desde nuestra libertad vamos respondiendo a lo que Dios nos va planteando; nos invita a vivir una relación de amistad con Él. Hemos sido hechos a su imagen y semejanza y llevamos en nuestro corazón un deseo de encontrarnos con Él. Esta amistad se va ensombreciendo con el tiempo: le damos el corazón a lo material y nos olvidamos de Dios, pensamos que todo lo que hacemos y conseguimos es por nuestras fuerzas, que todo eso que tenemos nos va a dar la felicidad y la salvación.

En la catequesis tomamos conciencia de la relación que Dios quiere tener con cada uno,  descubrir la historia que ha hecho y está haciendo con cada uno, adentrarnos en su amistad para conocerle mejor. Con una actitud abierta, para recibir lo que nos tenga preparado.

En catequesis seguimos una metodología dinámica, motivadora, experiencial, participativa y transformadora que los lleve a la integración con la comunidad parroquial. Lo que se pretende es que lleguemos a una experiencia de Cristo y de la Iglesia en un ambiente de acogida. Se plantea un tema teniendo en cuenta la Palabra de Dios y hablaremos de cómo ese tema se puede aterrizar en la vida cotidiana, cómo se percibe desde la fe. 

La misión de los catequistas es cuidar y fortalecer su vida cristiana.

Se lee y comenta el texto de Jeremías 18, 1-4.6

Preguntas para compartir:

¿Te sientes como el barro en las manos de Dios? ¿Por qué? 

¿Qué situaciones en tu vida sientes que necesitan ser moldeadas o cambiadas por Dios? 

¿Qué significa para ti que Dios pueda rehacer algo que estaba "estropeado"?

¿Estás dispuesto a ser moldeado por Dios, aunque eso implique cambios?

¿qué supone esto para tí? Una preocupación, una esperanza…